Sofía se quedó unos segundos más de los necesarios en el umbral de su despacho.
No porque dudara en entrar. Sino porque, al otro lado del pasillo, acababa de ver algo que le había tensado el pecho.
Valeria avanzaba hacia su propio despacho acompañada de Martha y de Andrés Ríos. No hablaban en voz alta, pero la escena tenía una naturalidad que resultaba casi hiriente: Martha señalaba algo en la tablet, Andrés asentía mientras añadía un comentario breve, y Valeria escuchaba con atención concent