Massimo todavía no se acostumbraba al aire de la colina. El jardín era un oasis, el patio estaba lleno de plantas que parecían recién cuidadas, y cada rincón de la casa le susurraba recuerdos que no sabía si eran suyos o inventados. Había despertado de un coma, eso lo tenía claro. Pero lo que no lograba entender era qué había pasado con todo lo demás.
Los niños eran el mejor ejemplo. Tres pequeños con ojos brillantes lo llamaban papá con una naturalidad que lo desarmaba. Y él, aunque quería cre