Massimo conducía sin rumbo, con la lluvia golpeando con furia el parabrisas. Las palabras de Alba le retumbaban en la cabeza como tambores de guerra.
“Te amé más de lo que fui capaz de amarme a mí misma. Pero aprendí. A fuerza de dolor y hoy, Massimo, amo más mi paz que cualquier recuerdo contigo.”
Apretó el volante con los nudillos blancos. Era doloroso. Insoportable. Verla tan firme, tan segura, tan… lejos.
No sabía qué dolía más: descubrir que se había equivocado rotundamente o sentir que ta