Valentino saludaba a cada invitado que se acercaba a su lado para hablar, preguntar o aclarar dudas; ayudaba a alguna dama acalorada, daba una palmada en la espalda a algún caballero para expresar sus felicitaciones por éxitos contados con toda pompa, ofrecía condolencias y muchas otras muestras de cortesía, como el protocolo le sugería que hiciera, por más que deseara salir de allí.
Tomó nota mental de que preferiría lanzarse por una ventana antes que volver a ser anfitrión de una fiesta como