—Esperaremos a que el Don termine de hablar con la chica. No sé por qué se molesta tanto, ni que fuéramos a tener misericordia —oyó la voz hastiada de Vittore, y se le congeló la sangre.
—¿Me dejarás poseerla antes de matarla? —dijo una voz con intención que le produjo asco a Delia.
—¿Estás loco? Puedes tomar a cualquier mujer, no compliques las cosas.
—Pero es que esa perra me golpeó y quiero cobrármelas. Además, es muy bonita, tiene unos ojos que se me ponen duros de solo pensarla.
—Es bonita