Fiorella se levantó de un salto.
—¡Quizás se fue después de andar deprimida por días!
—Ella jamás abandonaría a su familia —aseguró Valentino mirándola de arriba a abajo—. Si les llega a pasar algo a ellos y a mi hijo, te prometo que te haré responsable —siseó y luego se dirigió a su madre—. ¿Lo sabes?
—¿Qué cosa? —preguntó Elizabetta, frunciendo el ceño.
El hombre volvió a dirigir sus ojos de lava hacia la mujer con el rimel derramado y ojos centelleante.
—Supongo que estabas tan empeñada en d