Kelly no tuvo más remedio que desvestirse y quedar en ropa interior si no quería que Roberto siguiera haciendo acotaciones que la sonrojaban de una manera que no podía detener.
—Aleje los miedos y la vergüenza, señorita Mc Bride —le dijo suavemente la modista al verla dudosa—. Tiene juventud y belleza, no tiene porqué avergonzarse. Créame que soy profesional en mi trabajo, no tardaré más de lo necesario.
Se subió a la tarima y siguió las instrucciones amables que Rose Philips le indicaba, mie