Al día siguiente, el amanecer encontró a Malik completamente despierto.
No había logrado dormir más de un par de horas.
Cada vez que cerraba los ojos, los recuerdos de la noche anterior volvían a atormentarlo. El calor de la piel de Inaya, sus caricias, la forma en que había pronunciado su nombre y la intensidad con la que ambos se habían entregado el uno al otro parecían perseguirlo sin descanso.
Se había levantado antes del amanecer para darse una ducha con agua fría, intentando borrar cualqui