Inaya se estremeció, esto era un beso real, la hizo tocar las nubes, y él ni siquiera lo sabía.
El beso se volvió voraz, ambicioso, no pudieron detenerse, él la hizo caminar hasta la cama, y cuando acordaron, estaban ahí, recostados.
Malik no dejó de besarla, fue quitándose la ropa, primero el saco, la camisa, hasta dejar su torso desnudo.
Ella se abrazó a él. Ninguno de los dos podía pensar, estaban ciegos por la pasión.
Inaya sintió el contraste de esas manos, poderosas, pero inquietantemente