Samyra se sentó lentamente sobre la cama médica y alzó la mirada hacia Nayla.
La observó detenidamente.
Por primera vez desde que aquella mujer había aparecido en su vida, intentó verla más allá de las lágrimas, más allá de la aparente fragilidad y de aquella expresión dulce que parecía despertar protección en todos.
Pero algo dentro de ella seguía sintiéndose incómodo. En alerta.
Como si su instinto le gritara que tuviera cuidado.
—¿De mujer a mujer? —preguntó Samyra con una sonrisa apenas irón