Samyra permaneció inmóvil durante varios minutos después de que Omar abandonara la habitación.
La puerta se había cerrado. El silencio había regresado.
Pero el eco de aquella discusión seguía resonando dentro de ella.
Sentía el pecho vacío. Dolorido.
Como si alguien hubiera arrancado algo importante de su interior.
Lentamente caminó hasta la cama y se dejó caer sobre el colchón.
Miró hacia el techo. Sus ojos todavía ardían por las lágrimas.
No quería llorar más. Estaba cansada de llorar.
Cansada