Más tarde, esa misma noche, Fahriye junto a las mujeres de su familia tanto Al Qasimi como Al-Sabah celebraron la noche de henna.
No la celebraron antes por tanto drama.
La gran sala de celebraciones del Palacio Real de Furayia resplandecía bajo el brillo de inmensos candelabros de cristal.
El delicado aroma del oud, mezclado con incienso de ámbar y agua de rosas, impregnaba el ambiente con una fragancia elegante y solemne.
Sobre el suelo, gruesas alfombras persas cubrían el mármol blanco, mient