Murad detuvo el beso con una lentitud tortuosa.
Sus dedos, firmes y tibios, subieron por el contorno de su cuello hasta acunar la mejilla de Hasret con una delicadeza inesperada para un hombre de su porte.
—¿Tienes idea de lo que sucederá esta noche? —preguntó él en un murmullo grave, rasposo por el deseo latente.
Hasret agachó la mirada de inmediato.
Un rubor ardiente le encendió el rostro, trepando desde el escote hasta las orejas.
—Haremos el amor, habibti... y será algo infinitamente placent