A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol atravesaron los enormes ventanales de la suite principal del palacio de verano, bañando la habitación con una luz cálida y dorada.
Afuera, el mar se extendía como un inmenso espejo azul que se confundía con el horizonte, mientras la suave brisa hacía danzar las cortinas de seda.
Hasret abrió los ojos lentamente.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, contemplando el techo mientras intentaba recordar dónde estaba. Entonces, una sonrisa apareci