Hasret permanecía inmóvil, incapaz de apartar la mirada de Murad.
Sentía que el corazón iba a salírsele del pecho.
Todo aquello era demasiado.
Durante toda su vida había aprendido que, cuando algo parecía perfecto, siempre escondía un precio terrible.
Por eso no podía creer lo que acababa de escuchar.
Sus labios temblaron. Negó una y otra vez con la cabeza.
—¡No...!
Su voz salió entrecortada.
—No puede aceptar mis condiciones.
Retrocedió un paso, como si necesitara recuperar el aire.
—Debe negar