Samyra entró a la villa con el cuerpo tenso y la mente saturada. El lugar, que antes le parecía simplemente un espacio grande y silencioso, ahora se sentía como una jaula elegante.
Sentía rabia de estar atrapada, una vez estuvo ahí por amor, creyendo que era su hogar, ahora solo la asfixiaba.
No quería quedarse allí.
No quería seguir viviendo bajo decisiones que no sentía suyas.
Subió lentamente las escaleras, ignorando a los empleados que la saludaban con cautela.
Cuando llegó a su habitación,