Minutos después, Samyra estaba sentada frente al examen.
Las hojas fueron repartidas una por una.
El sonido del papel deslizándose sobre los escritorios pareció amplificarse dentro del enorme salón.
Nadie hablaba.
Nadie se movía.
El silencio era absoluto.
Un silencio cargado de nervios, expectativas y sueños.
Samyra observó la portada del examen durante unos segundos.
Su nombre. Su número de identificación.
El sello oficial del programa internacional.
Todo era real. Después de tanto.
Después de