Elise permaneció junto a la cuna durante varios minutos, meciendo suavemente a Adara entre sus brazos.
—Shhh... ya pasó, mi amor... mamá está aquí...
Su voz apenas era un susurro.
La pequeña, terminó por relajarse. Poco a poco dejó de aferrarse a la blusa de su madre y apoyó la cabeza sobre su hombro.
Su respiración se volvió pausada, tranquila, hasta que finalmente cayó dormida.
Elise sonrió con ternura.
La contempló unos segundos antes de besarle la frente.
Con el mayor cuidado posible la aco