Nassira salió del edificio con el corazón agitado.
Aunque intentaba mantenerse serena, no podía dejar de mirar hacia atrás cada pocos pasos.
Tenía miedo.
Miedo de que sus abuelos vinieran por ella. Miedo de que intentaran llevarla de regreso a Dubái por la fuerza.
Legalmente, su hermano Omar era su tutor, y sabía que nadie podía obligarla a marcharse. Sin embargo, el temor seguía instalado en su pecho.
No era miedo a ellos.
Era miedo a perder a la familia que tanto amaba.
Una lágrima resbaló por