—¡Zayn! ¡Por favor! ¡No te vayas! ¡Vuelve aquí!
El grito desesperado de Alana resonó por todo el pasillo del palacio.
Su voz estaba cargada de angustia y desesperación.
Corrió tras él unos pasos, con las lágrimas deslizándose sin control por sus mejillas, convencida de que aún podía hacerlo cambiar de opinión.
—¡Zayn! ¡Escúchame! ¡Por favor!
Sin embargo, el jeque no se volvió.
Continuó caminando con la espalda recta y los hombros tensos.
Cada paso parecía más firme que el anterior.
Para él, aque