Evans
La mañana siguiente no llega con claridad, sino con ese peso silencioso que se instala en el pecho antes incluso de abrir los ojos. No necesito revisar el reloj para saber que he dormido poco; el cuerpo me lo dice en la tensión de la mandíbula, en la forma en que respiro, corta y medida, como si ya estuviera preparándome para una conversación que todavía no empieza.
Me visto sin pensar demasiado. Mismos movimientos de siempre. Mismo traje oscuro. Mismo reloj. Todo en orden por fuera. Por