Ryan
La puerta se cierra a mi espalda con un sonido limpio, casi educado, y durante un instante me quedo con la mano aún sobre la manija, como si ese contacto físico pudiera anclar algo que en realidad ya se ha desplazado. No hay nadie en el pasillo que justifique la pausa, nadie que esté observando, pero aun así retomo el movimiento con la misma precisión con la que entré a esa oficina unos minutos antes, cuidando que cada paso conserve la cadencia habitual, esa que no deja espacio a interpret