79. ¿Donde está?
—Eres un maldito cobarde, Russell — se dijo a sí mismo el americano mientras golpeaba con fuerza el saco de arena que tenía frente a él.
Golpe tras golpe, se decía lo imbécil que era, y lo cobarde que era, sus manos se encontraban ahora maltrechas, casi a punto de que sus nudillos se rompieran al golpear el saco de arena sin ningún tipo de cuidado y con mucha fuerza.
Bradley encontró a su jefe y amigo sudado y enfadado en el gimnasio, él solo soltó un suspiro porque sabía que era o mejor quien