Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 25: Se Avecina la Tormenta
En la cueva, Valentina, con manos temblorosas, abrió su mochila y sus dedos encontraron el teléfono satelital nuevo. Un destello de esperanza brilló en sus ojos, pero cuando pulsó el botón de encendido, la pantalla solo parpadeó débilmente antes de sumirse en la oscuridad total. Evidentemente, el teléfono nuevo no tenía suficiente carga.
La desesperación por la esperanza frustrada casi la consumió, pero rápidamente sacudió la cabeza con fuerza y guardó el teléfono apagado. La sensación fría del metal del dispositivo, sin embargo, la dejó más lúcida.
"Si no puedo depender de otros, dependeré de mí misma", se dijo en voz baja, el eco resonando en la caverna.
Comenzó a hacer inventario de todos sus recursos: algo de ropa, media botella de agua, unas galletas







