Capítulo 15: La Guerra Silenciosa
El silencio en la cabaña, después de la partida de Tomás, era extraño y pesado.
El aire parecía aún cargado con los ecos del reciente enfrentamiento silencioso, y con el aroma residual de las flores marchitas y abandonadas en los arbustos.
La muñeca de Valentina seguía caliente donde Salvaje la había sujetado. Sus yemas de los dedos ya no estaban frías, sino que transmitían un calor terco.
Ella podía sentir el temblor apenas perceptible en su palma, ya fuera por la debilidad o por la emoción intensa que aún no se aplacaba. Él no decía nada, solo la miraba con esos ojos azules que habían recuperado parte de su filo, pero que, desprovistos de memoria, parecían de una claridad desconcertante. Como un dragón custodiando su tesoro.
"Salvaje," dijo Valentina suavemente, intentando aliviar la tensión, "suéltame, me estás haciendo daño." No se atrevía a forcejear, por miedo a lastimarlo.
La frase actuó como un hechizo. La intensa posesión en la mirada de Salv