El taxi me deja frente a la gran puerta. Coloco la clave para abrir, me urge llegar a mi prisión lujosa.
Subo al ascensor, rara vez me encuentro con uno que otro vecino en las mañanas en el gimnasio.
Llego al piso diez, el ascensor se detiene y abre sus puertas. No sé por qué me da pánico cuando las puertas de los ascensores se abren, me imagino que tal vez alguien está esperando por mí, para atacarme, o no sé, tal vez es solo la culpa del pasado que no me deja en paz.
No creo que mi final s