DOMINIC
Mi mente estaba a kilómetros de aquel restaurante tenuemente iluminado donde estaba sentado frente a Vanessa. Físicamente estaba allí, atrapado en aquella farsa, pero mentalmente seguía en casa con Faith y mi hijo recién nacido. Casi podía oír su suave llanto, sentir el calor de su diminuto cuerpo contra el mío. ¿Estarían bien? ¿Faith estaría descansando? ¿Mi hijo ya extrañaría el sonido de mi voz?
La idea de perderme aunque fuera un solo instante de sus primeros días me apretó el pecho