ALEXANDER
Estaba hermosa.
Como siempre.
Incluso después de todos aquellos años y de todo el caos que la vida le había arrojado encima.
Nunca había sido por la riqueza que ahora tenía a su alcance.
Jamás se trató de eso.
Era ella.
La forma en que caminaba.
La elegancia natural de cada uno de sus movimientos.
El fuego silencioso que brillaba en sus ojos.
Incluso en un salón repleto de gente, lograba convertirse en el centro de atención sin hacer el menor esfuerzo.
Y, maldita sea...
Seguía dejándo