ALEXANDER
El mensaje llegó justo cuando me disponía a revisar unos contratos en el despacho antes de terminar la noche.
Cuatro simples palabras aparecieron en la pantalla.
Lo encontramos, al bastardo.
Una descarga de adrenalina recorrió todo mi cuerpo.
Sin pensarlo dos veces, me levanté de inmediato, tomé mi chaqueta y terminé de leer el resto del mensaje.
Lo habían encontrado en la estación de tren, a punto de abandonar la ciudad.
Tenían al médico.
Al hombre que se había atrevido a hacerle eso