RAINA
Solté una risa amarga, una que sonó mucho más dura de lo que pretendía.
—Aunque se lo dijera, no me creería. No sin pruebas. Siempre ha sido así con él. Las palabras no son suficientes. Necesita una prueba irrefutable, algo que no pueda ignorar ni manipular a su conveniencia. Por eso necesito encontrar mi teléfono... pero lo perdí.
Su expresión cambió, dando paso a la comprensión. Entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Crees que tu teléfono tiene algo? ¿Algo que pueda hacer que te escuche?
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