Capítulo 90.
Capítulo 90
Sarah.
Las horas finales del embarazo se habían convertido en un juego de sombras y esperas. La casa, que antes se sentía como una fortaleza de cristal, ahora vibraba con una expectación silenciosa.
El pequeño Mateo, impaciente por conocer el mundo, empezó a empujar bajo mi piel.
Eran las tres de la mañana cuando el primer espasmo me despertó. No fue un dolor agudo, sino una presión profunda que me obligó a soltar un suspiro largo.
Alejandro, que dormía a mi lado, se despertó al