Capítulo 50.

Capítulo 50

Sarah.

Siete días. Ese era el tiempo que Alejandro llevaba tratándome como si fuera parte del mobiliario de la oficina. No había gritos, no había sarcasmo, no había miradas furtivas cargadas de ese deseo que solía hacerme temblar.

Me pedía informes con la misma calidez con la que se le pide un café a una máquina, y yo le respondía de la misma manera, aunque por dentro sintiera que me estaba asfixiando en ese vacío.

El jueves por la mañana, su voz sonó a través del intercomunicador,
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