Julia terminó de arreglar a Dalia para el desayuno y salieron del cuarto tomadas de la mano. En el camino se encontraron con Carla, que miró en dirección a ellas.
Como siempre, Dalia apretó más fuerte la mano de Julia. Carla podía posar como una buena madre frente a los demás, pero entre cuatro paredes seguía siendo fría y nada cariñosa con su hija, y Dalia podía sentir que, aunque fuera su madre, aquella mujer no la amaba como Julia.
Las dos mujeres mayores se miraron, y Julia notó la expresió