Sentí todo mi cuerpo temblar bajo una ola de profunda rabia. No lograba comprender cómo, ni por qué, alguien podía ser tan cruel de forma tan gratuita, y menos aún con su propia hija.
Ignorando las inseguridades que hervían dentro de mí, miré a Carla con firmeza.
–Respóndeme una cosa. ¿De verdad eres la madre de Dalia?–
Su rostro palideció por un instante antes de retorcerse en una mueca de ira.
–¿C-cómo… cómo te atreves a preguntarme algo así?–
–Entiendo que me odies por mi pasado con Leonardo