–Dalia, mi amor, mira a papá, por favor–
Dalia continuó encogida, sin mirar a la cámara.
Se había cerrado otra vez, tal como aquel día, años atrás. Las personas en quienes confiaba habían fallado en protegerla. Ya no se sentía segura, ya no confiaba en nadie… ni siquiera en mí.
–Te dije que la consentiste demasiado y terminaste malcriando a la niña– Carla me arrebató el celular de la mano y cortó la llamada.
–¿QUÉ LE HICISTE A MI HIJA? ¿LA GOLPEASTE OTRA VEZ, MALDITA?– grité, furioso, rodeando