–¡De ninguna manera!– negué categóricamente. –¡Esa mujer no vuelve a poner un pie en esta casa jamás! Y ciertamente los sueños de Dalia son pesadillas, recuerdos de todo lo que Helena la hizo pasar. Así que deja de decir esas absurdidades y no vuelvas a pronunciar el nombre de esa mujer en esta casa nunca más–
Salí con pasos pesados, y Gabriel vino detrás de mí hasta el despacho para entregarme el informe diario de la empresa y todo lo que estaba ocurriendo, ya que no había ido a la empresa en