Apreté el puño irritado, ya harto de escuchar eso. Sabía que tenía razón, que la policía tenía razón: traer de vuelta a Carla era la única solución para todo ese problema. Su declaración limpiaría mi imagen y la de la empresa, pero yo no podía hacerlo; ella intentó matar a mi hija, no podía simplemente traerla de vuelta y fingir ser la pareja feliz.
Alguien golpeó la puerta y entró.
–Señor, el equipo de Auditoría ya está aquí– informó Gabriel desde la puerta.
–Entonces, la decisión ahora es tuy