Helena apretó aún más mis manos, como si estuviera viviendo aquel momento de terror y agonía conmigo, como si compartiera mi dolor de la forma más profunda.
–Le supliqué a Carla que me dijera dónde estaba la llave, y ella me dijo que solo lo haría si yo declaraba que la amaba; me hizo prometer que no me divorciaría de ella, me obligó a besarla y a declarar mi amor, me hizo decir que era la única mujer en mi mente, corazón y alma, me hizo decir que la amaba más de lo que amaba a Dalia, y solo en