Volví al salón del evento y me senté al lado de Leonardo, sonriéndole, y él me devolvió la sonrisa. Bebí mi champán sin poder dejar de sonreír, ansiosa por el espectáculo que se aproximaba.
–¡Leonardo!–
Llamó una voz femenina y suspiré internamente al reconocerla incluso antes de ver a la persona.
Me giré hacia un lado y allí estaba ella, la madre de Leonardo y sus exsuegros. Las dos mujeres me miraron con desprecio y furia, y luego miraron a Leonardo con la misma expresión.
–¿Cómo te atreves a