–¡Papá!–
Miramos hacia la puerta cerrada del probador, donde Dalía golpeaba, y rápidamente nos apartamos.
Ajusté mi vestido, y pronto Leonardo abrió la puerta.
Dalía nos miró a ambos con sus ojitos curiosos.
–Helena me pidió que le ayudara a abrir el vestido, vamos, dejemos que se cambie y luego iremos a tomar un helado, ¿quieres helado?–
–¡Sí!– respondió Dalía emocionada, y Leonardo salió del probador llevándola consigo.
Llevé la mano a mi pecho suspirando mientras trataba de calmar mis latido