Separé el beso y le sonreí dulcemente a Leonardo, quien me devolvió la sonrisa acariciando mi rostro con su pulgar.
—Si ese es el caso, siempre puedes contar con mi amor, siempre—
Sonreí aún más mientras nos mirábamos, pero pronto escuchamos los pasos de Dália y Mariana acercándose.
—La señorita Dália ya está lista —anunció Mariana.
—Querida, estás muy linda—
Me levanté y fui hacia Dália, sonriéndole para disimular el ambiente entre Leonardo y yo.
Leonardo se unió a nosotras enseguida y poco de