Todos en la sala se quedaron helados ante aquellas palabras. Sus dedos apretaban las copas de cristal con la fuerza suficiente como para romperlas, en un intento inútil de contener el nerviosismo ante aquella amenaza evidente.
— ¿Qué... qué dijiste? — preguntó Adriano, intentando mantener la compostura y disimular el nerviosismo y la irritación.
— Dije que vamos a brindar. — Leonardo los miró a todos a los ojos. — Vamos a brindar por el fin de toda vuestra corrupción, maldad y por el fin de vue