Júlia miró aquellos rostros, pensando que, mientras ella agonizaba sola en aquel hospital, en aquella habitación fría, y luego en aquel cementerio silencioso, ellos estaban brindando y celebrando, como si nada hubiera pasado, como si la muerte de su hija fuera solo un detalle insignificante.
Apretó la botella en su mano con fuerza, sintiendo todo su cuerpo temblar de rabia y furia, un temblor incontrolable que parecía venir desde lo más profundo de su alma. Entonces, lentamente, la soltó.
El so