El joven rubio apretó los puños al ver a su novia de pie junto a ese guardaespaldas otra vez. Caminó con pasos largos hasta ellos, deteniéndose al lado de Dalia, y tomó su mano, entrelazando sus dedos mientras miraba al otro con aire de superioridad.
— Ya hiciste tu trabajo. Ahora lárgate — dijo en un tono arrogante y cortante.
Sebastian se mantuvo impasible. Bajó la mirada por un breve segundo, observando el contacto entre las manos de los dos jóvenes, y volvió a centrarse en Dalia, reforzando