Después de algunos días en el hospital, Carla regresó a casa en una silla de ruedas, con la pierna enyesada, así como el brazo inmovilizado y un soporte en el cuello. Realmente un estado lamentable, que incluso hizo que algunos empleados sintieran pena por ella.
–Bienvenida, señora Carla– saludaron los empleados en la entrada de la mansión, alineados en fila.
Carla los miró y sonrió.
–Vaya, señora Carla… ¿nosotros dos realmente nos casamos?– preguntó Carla, mirando a Leonardo, que empujaba su s