Adrian tragó saliva. Carla no recordaba nada, y sin duda Leonardo aprovecharía eso para recuperar la custodia de Dalia. Su madre insistía en que no dijera la verdad, pero él tenía ganas de gritárselo todo en la cara a ese idiota, demostrarle que una vez más había sido engañado, que había criado a una hija que no era suya. Pero lo único que conseguiría sería un billete de ida al infierno.
Adrian suspiró y metió las manos en los bolsillos del pantalón, intentando parecer despreocupado.
–Necesito