Leonardo salió de la habitación del hospital masajeándose el cuello con la mano; solo quería llegar a casa, dar un abrazo a Dalia, un beso a Julia y descansar un poco. Aquellos últimos días no estaban siendo fáciles.
–Leonardo– llamó una voz grave y profunda.
Leonardo se giró y vio a su padre allí, lo que no mejoró en absoluto su humor.
–Vamos a hablar–
–¿Tiene que ser ahora? Estoy cansado y quiero ir a ver a mi hija, salí sin despedirme y debe estar preocupada–
–Será breve, vamos a tomar un ca