Julia contuvo las lágrimas, manteniendo la expresión y la postura firmes, mirando a Adrian con desafío.
–¡No! ¡No te la vas a llevar!–
Adrian apretó los dientes y sujetó aún más fuerte el brazo de Julia, hasta el punto de que ella sintió como si fuera a quebrarse.
–¡Es mi hija! ¡No tienes ningún derecho a impedir que me la lleve! ¡No eres más que una niñera! ¡No te engañes creyendo que eres su madre!–
–¡Es hija de Leonardo! Tú y Carla no significan nada para Dalia, y cuanto más crezca, más los