El periodo nocturno transcurría bajo parámetros de estricta calma.
Las iluminaciones urbanas proyectaban sus reflejos a través de las amplias superficies vidriadas del salón privado de David Jones. El ambiente traslucía serenidad, acompañado por una sutil modulación acústica de fondo. Las luminarias preservaban intensidades atenuadas, proveyendo al recinto de una percepción térmica apacible.
David Jones convalidaba la posición sedente en solitario, emplazado en la zona angular de un mobiliario.