SEIK
Roberto y yo corríamos en nuestra forma de lobo hacia los límites del territorio. Mi amigo Kevin estaba por llegar y, aunque sabía que no era necesario ir personalmente a recibirlo, era exactamente lo que él quería de mí. Si no lo hago, estoy seguro que no me dejará en paz todo el tiempo que esté aquí.
A los pocos minutos de haber llegado al punto de encuentro, divisamos a lo lejos un 4x4 negro que avanzaba a toda velocidad, seguido de otros dos vehículos. Sin duda, en el primero iba Ke